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La Autoestima y el Amor Incondicional.

28 de septiembre de 2015

Una amiga me escribió hace algún tiempo este email:

«Encontré una forma de amor incondicional, racional y me aventuro a decir científico muy, muy material y a la vez muy, muy filosófico. Te cuento: el cuerpo, está formado por miles de millones de células de distinto tipo; cada una de ellas, experta en hacer su trabajo y realizar su función vital. Esas células permaneces con cada uno/a, durante toda la vida, pero no son las células originales, son las hijas, de las hijas…, de las primeras células. Así durante generaciones y generaciones de nuevas células que nacen y mueren en cada cuerpo humano.

Si yo considero cada una de «mis» células como un ser vivo, con su propia finalidad, sus propias intenciones y metas en la vida, ¿qué hacen tanto tiempo juntas todas «mis» células? Están conmigo cuando respiro, cuando estoy despierta, y cuando estoy dormida. Obviamente me deben querer mucho, muchísimo, cuando no se van a vivir su propia vida en otro sitio. Eso tiene que ser amor incondicional. Porque nunca me exigen cosa alguna. Sólo están aquí, conmigo, durante generaciones y generaciones; mirándolo así es un completo milagro, sobre todo con la cantidad de perrerías que les hago.

Pues imagínate que todo esto lo pienso a nivel molecular, o a nivel atómico, más pequeño todavía. Se te va la olla de los millones y miles de millones de átomos que están contigo durante toda la vida, aunque esta durase sólo unos segundos».

Entonces pensé hacia lo grande, lo cósmico e infinito. Si mis células están siempre aquí conmigo, y yo me encargo de comer, dormir, cuidarme, y con eso ellas se nutren y prosperan y son felices porque además de estar conmigo porque quieren están bien cuidadas y tienen todo lo que necesitan. Qué no hará el gran universo por mí, que soy estupenda y estoy formando parte del cosmos. Pues entonces tengo que ser muy importante para el universo y se tiene que encargar de que no me falte de nada y de que yo esté muy bien y muy feliz aún cuando me esté sintiendo mal, igual que a cada una de mis células no les falta de nada porque se lo proporciona mi propio cuerpo, y yo con mis acciones cotidianas, como comer, beber, o dormir.

Muy lógico, ¿no?

Sobre mi

24 de marzo de 2015

Me llamo Francisco Cardona y desde siempre he sentido que había algo más allá de la materia, una energía intangible que habita en las formas y da vida a todas las cosas. Mi inclinación natural hacia el mundo de la espiritualidad me condujo a la sanación en el año 1982. Empecé estudiando Control Mental Silva en 1984 y gracias a él, descubrí un sistema de terapia a distancia que he practicado durante muchos años. Desde entonces, he aprendido múltiples formas de tratar el dolor, tanto a nivel físico, como mental, emocional y anímico. Sin embargo, quería encontrar una forma de ayudar a los demás que, a la vez, permitiera al paciente implicarse activamente en su propio proceso de curación. Fue así como en el 2003 llegué al Reiki y me dio la respuesta que buscaba. Tras recibir mi primera maestría de Reiki de manos de Antonio Moraga en el 2004, decidí hacerme maestro de Reiki, como vía de expresión personal y también para mostrar al mundo lo que soy.

Investigando el camino de acceso a un Reiki más puro y cercano a sus raíces, llegué por fin a Hiroshi Doi, fundador del Gendai Reiki Ho y en el 2006 obtuve la Maestría de Reiki Gendai con Hiroshi Doi y en Komyo Reiki (Reiki de la Luz Brillante) con Hyakuten Inamoto.

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