Cómo empecé a ser Sanador
2 de octubre de 2015
En febrero de 1982 mi abuelo estaba ingresado en el hospital muy enfermo. Una noche, mientras meditaba, sentí la necesidad de ver cómo se encontraba. Me visualicé frente a él poniendo mis manos sobre su cuerpo. Tuve la sensación de que la energía se le escapaba por el abdomen, como si tuviera un agujero. Intenté llenar ese vacío energético y, al hacerlo, sentí mucho calor en mis manos. Sin embargo, sabía que lo que había hecho no bastaba y que no podía evitar el inminente final de su vida.
Me sentí muy frustrado al pensar que no podía ayudarle, y durante los dos días siguientes a esta experiencia estaba muy preocupado por él y muy nervioso. La tarde del segundo día mi abuelo falleció; yo sentía que iba a morir con él.
Durante los meses siguientes a su partida, sentí un cúmulo de emociones que era incapaz de distinguir y que me causaban mucha ansiedad y un tremendo sufrimiento…
Pero una mañana del mes de mayo, al comenzar a meditar, comprendí que cuando murió mi abuelo «algo» me había pasado y ya no había vuelta atrás. En ese instante me rendí a lo desconocido, confié en el Universo e inmediatamente me sentí por fin en paz. Acepté que más allá de la razón había algo, y desde entonces ese «algo» es una parte fundamental de mi vida.
Los siguientes años me dediqué a intentar entender e integrar qué fue lo que me pasó durante esos días.
